La antítesis de la Navidad que no es nada buena para la salud: La "depresión blanca"



Diciembre 21, 2010 (AGENCIA EFE)

Frío, nieve, regalos, reuniones o balance son algunas de las palabras que definen la época final del año. Las fiestas navideñas llevan aparejados un sinfín de palabras y de sentimientos y, en ocasiones, no todos son positivos. Depresión blanca es el término psicológico que describe un estado de ánimo negativo en personas que ven cómo su Navidad se tiñe de tristeza, melancolía, problemas y conmoción.



La Navidad es una época de alegría, o al menos, por tal la tomamos. Villancicos, reuniones familiares, regalos, vacaciones, luces que adornan ciudades, son factores que indican que la época final del año es diferente. Las cenas de trabajo recuerdan que se tiene trabajo y, a quien no lo tiene, que está en paro.
Las cenas familiares denotan el amor que existe, o que falta, entre los más allegados, los regalos de Reyes hacen balance de la economía familiar y la primera vez que cada Navidad se ve un Papá Noel en el alumbrado, en el centro comercial o en el balcón de cualquier casa, ello provoca, al menos, una sonrisa. Así se concibe la Navidad, como una época de alegría y festividad. Sin embargo otros, a medida que se acercan estas fiestas, ven empeorar su estado de ánimo. Es lo que los psicólogos llaman la depresión blanca.
Navidad es una celebración que abarca un amplio periodo de tiempo y de la que es imposible evadirse: el ruido y la decoración de la calle, el bullicio de las tiendas, las postales de felicitación de Año Nuevo o la publicidad en los medios de comunicación son referencias constantes que afectan a las recaídas de personas depresivas. “En ocasiones vemos cómo algunos pacientes se sienten peor ante estímulos visuales y auditivos propios de estas fechas como belenes, villancicos, luces navideñas o árboles”, señala Blanca Armijo Núñez, psicóloga y psicoterapeuta del centro PSICOACT.
La depresión blanca se agudiza en personas con depresión previa, pero también afecta a quien sufre otras patologías como trastornos alimentarios, de la personalidad o de ansiedad. Armijo destaca que “un altísimo porcentaje -de hasta el 90%- de pacientes que acuden a la consulta y que, por tanto, presentan una problemática anterior, tienen en esas fechas un recrudecimiento de la sintomatología, sea depresiva o no”.

Motivos y síntomas
Las razones que propician este problema psicológico son, entre otras: melancolía, estrés, fatiga o expectativas no conseguidas, pero sobre todo, personas ausentes, estancia en el hospital de algún familiar convaleciente, lejanía de los más cercanos, que tienen fijada su residencia fuera de su país natal, o que algún allegado no pueda asistir a la cena de Navidad por motivos laborales.
Factores psicológicos internos: personas que han padecido previamente algún trastorno emocional o factores medioambientales: días más cortos, menos luz solar o el clima frío hacen que se salga menos de casa o se tenga menos predisposición a hacer deporte. Ambos hechos son determinantes para el buen funcionamiento de la mente,ya que relacionarse con gente y liberar endorfinas a través del ejercicio físico son acciones claves para no recaer en la depresión blanca.
La psicóloga explica que los síntomas de esta depresión son similares a cualquier otra: estado de ánimo negativo, como por ejemplo sentirse vacío o llorar, disminución o eliminación del interés por cualquier actividad, pérdida o aumento del apetito, insomnio o hipersomnia, fatiga o pérdida de energía, sentimientos de inutilidad o culpa, disminución del poder de concentración y pensamientos relacionados con la muerte.
Religión, publicidad y depresión blanca
El concepto religioso de Navidad, el del nacimiento del niño Jesús en Belén, se ha perdido, o al menos, es muy vago. La alternativa consumista, ésa que llega a convertirse en un “comprar por comprar” y en una carrera por ver quién tiene más regalos, más grandes, más caros y más bonitos, impregna todo. Los niños hacen recuento de sus adquisiciones de Reyes a la vuelta al colegio y los mayores hablan en sus reuniones de aquello que les han regalado por Navidad.
Los anuncios de los medios de comunicación, los eslóganes de centros comerciales o los adornos de los pequeños comercios tienen mucho que ver en esto: el producto que más se anuncia en televisión y “está de moda” tiene muchas posibilidades de ser el “regalo estrella” de estas fiestas. Esto conlleva respuestas inesperadas y reacciones en los comportamientos y patologías, ya que, en la mayoría de las ocasiones, los regalos generan expectativas. “Éstos pueden definir relaciones o dar lugar a interpretaciones de cuánto estimo o me estiman”, apostilla Armijo Núñez.
La nostalgia es otro sentimiento que se incrementa durante las fiestas navideñas y, de nuevo, la publicidad juega un papel importante. “Vuelve a casa por Navidad” es un lema que asocia la Navidad a un spot publicitario y recuerda la carga familiar de esta celebración, algo que puede provocar sentimientos negativos en algunas personas.
Separación no es sinónimo de depresión
Un divorcio o una separación son factores que pueden alterar la experiencia navideña de una estructura familiar. Sin embargo, lo que en principio se puede considerar como algo negativo muchas veces es todo lo contrario. “Los padres y madres separados y sus hijos pueden disfrutar por primera vez una Navidad feliz si en su casa lo que acontecía años anteriores era una discusión y no un diálogo, la incomprensión en vez de la atención a los problemas”, señala la secretaria general de la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF), Ana María Pérez del Campo.
Del mismo modo, Pérez del Campo sostiene que las dificultades de una separación no tienen por qué acentuarse en esta época del año: “La Navidad es un tiempo semejante a cualquier otro, lo que ocurre es que culturalmente existe la creencia de que hay que ser feliz por decreto”, afirma Pérez.
En el caso de que la separación sea reciente y traumática, Pérez considera que la llegada de la Navidad puede favorecer la depresión. Sin embargo, indica que, dependiendo de las circunstancias individuales de cada persona, puede suponer “el momento de mayor euforia por haberse recuperado la libertad perdida, un respeto olvidado y la posibilidad de corregir el error cometido al emparejarse”. EFE

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Mediación y tratamientos de pareja como alternativas de solución


J. V. Echagüe - Resumen artículo publicado por La Razón, 24 de enero 2010.



Discusiones constantes, insatisfacción, poco espacio por la invasión de la familia propia o la política y, por supuesto, infidelidades. Éstos son los síntomas que pueden conducir a esa epidemia moderna llamada divorcio. Sobre todo en España. En los nueve primeros meses de 2009 se alcanzaron 90.000 rupturas y, desde 2005, se ha producido un incremento de 640.000. Pero no sólo de divorcios se nutre una crisis: disputas por una herencia; dos hermanos peleados porque uno tira del carro al cuidar a un padre dependiente; un hijo que muestra una agresividad desmedida... Infinidad de amenazas pueden cernirse sobre una familia. ¿Contamos con mecanismos para combatirlas?
Sí y no. En el caso de una pareja que se rompe, en España existen engranajes para, o bien evitar un divorcio problemático, o bien intentar una reconciliación. Pero no están al alcance de todos. La mediación familiar es el servicio que ofrece un tercero a una pareja que quiere iniciar el divorcio para abrir vías de diálogo y buscar una resolución amistosa, que les evite un enfrentamiento judicial. Algo deseable sobre todo por el interés de los hijos, que pueden ser usados como armas arrojadizas. Pero “los ciudadanos no conocen este servicio”, comenta el diputado del PP Alfonso Alonso.Alonso recuerda que, con la ley del “divorcio exprés” de 2005 -que posibilita el divorcio a los tres meses de la boda-, el Gobierno se comprometió a remitir a las Cortes un proyecto de ley sobre mediación. Algo que el Ejecutivo no ha cumplido. Con todo, en algunas comunidades, como Madrid, se cuenta con este servicio. “Está poco extendido. La mayoría de divorcios no llegan a acuerdos acerca de los hijos. La mediación es buena aunque no derive en un acuerdo, porque favorece una relación distinta”. Eso sí, se dan casos de parejas que “van al juzgado, y no está disponible este servicio”. Pero es posible evitar un divorcio y superar una crisis familiar con la ayuda de la orientación. Así lo creen terapeutas y abogados. “Los orientadores pueden ser abogados o psicólogos. Pensamos que, detrás de muchas solicitudes de mediación, hay un abordaje más profundo”, dice Blanca Armijo, psicóloga de la clínica Psicoact. Así, ha ocurrido que a una pareja que acudió solicitando mediación para poner fin a su matrimonio se le acabó ofreciendo un tratamiento más propio de la orientación familiar y la terapia de pareja. Acuden muchas parejas jóvenes, pero también maduras que deben aprender a convivir en un “nido vacío”. Hay otros conflictos: “Mi hijo discute mucho, está rabioso y va mal en los estudios”; “Cargo con mucho peso al cuidar a mi padre enfermo y mi hermano no hace nada”... Con entrevistas quincenales y ejercicios pueden superarse “si se viene motivado”, apunta Armijo. “A nivel público, no existe nada de orientación familiar”, comenta la abogada y orientadora Carmen Alfonso, miembro del observatorio The Family Watch, que recuerda que en países como Alemania, Noruega, Suecia, EE UU y Argentina la mediación es obligatoria (o su intento) para aquellos que quieren divorciarse. Alfonso apuesta por la “mediación preventiva”, cercana a la orientación: “La mediación es diálogo, ¿por qué no orientar a un matrimonio que quiere recibir ayuda?”. Y añade: “Muchos llegan queriendo divorciarse. Pero nadie les ha dicho: ‘¿Estáis seguros?’”. Entre cuatro y ocho sesiones pueden separarles de una reconciliación. Ya en terapia, las parejas “han de centrarse en los intereses comunes, ponerse en la situación del otro”. Incluso en los casos más críticos. “En una infidelidad, se pregunta a la persona engañada: ‘¿Por qué crees que se buscó esa compañía?’. Se desahogan y confiesan lo que no se habían dicho”. Y es que los trapos sucios no siempre se lavan en casa.

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Las nuevas familias y sus posibles crisis

En la playa con el hijo del novio de mi madre


Las nuevas familias afrontan los problemas de convivencia en vacaciones
En muchas rupturas recientes es la hora de la revancha


· Nada es lo que parece. Las familias están hechas de retazos de otras

· 100.000 menores pasan a ser hijos de divorciados cada año

· En rupturas recientes o conflictivas se incumple aposta el régimen de visitas

· Juntar a los hijos respectivos a la fuerza es un error, según los pedagogos

· Lo más frecuente en 2020 serán las parejas con hijos de varios cónyuges

· Las primeras vacaciones marcan las relaciones dentro del nuevo hogar

· En agosto se produce un "recrudecimiento" de la violencia de género



ISABEL PEDROTE 05/08/2008 (EL PAIS)

La escena sucede en Disneyland París. En una cola esperan un hombre que acaba de inaugurar la cuarentena, una mujer algo más joven, un adolescente conectado a unos auriculares que se balancea al ritmo que decreta la música, una niña de unos 11 años y otra de tres sobre los hombros de su padre. La clásica familia nuclear española de vacaciones en un parque temático. Nada es lo que parece: el chico es hijo de un matrimonio anterior de él; la niña mediana, de uno de ella; y la pequeña, de los dos. He aquí un ejemplo de los nuevos modelos de familia que avanzan a paso de gigante y a punto están de desbancar a la tradicional.

En la jerga sociológica se llaman familias reconstituidas (parejas con al menos un hijo no común, fruto de una relación previa). Los datos oficiales son escasos y antiguos: el censo de 2001 -el último del Instituto Nacional de Estadística (INE) que registró los cambios en la composición de los hogares- contabiliza 233.000 segundas o terceras reagrupaciones, aunque otros estudios privados hablan ya de 460.000 y vaticinan que para 2020 serán mayoría.

La revolución familiar que ha experimentado España ha cambiado también las vacaciones. ¿Cómo las viven estas familias? ¿Qué hacen para encajar el rompecabezas de intereses? ¿Cómo se lo toman los niños? ¿Qué pasa cuando hay rechazo? ¿Se va cada padre por su lado con sus hijos?

A decir de los especialistas, en vacaciones hallamos dos tipos de nuevas familias: la que mantiene una relación de tiempo, con rodaje y baqueteada, donde el problema está más en la logística -la manera de casar trabajo y disponibilidad de los niños- que en la empatía de sus miembros; y la reciente, que aprovecha los periodos de asueto para experimentar por primera vez la convivencia.



Isabel M., la mujer de la secuencia tópica de Disneyland, pertenece al segundo grupo, y aún recuerda con horror aquel viaje a París. Fue hace dos años: los chicos mayores apenas conectaron y, además, el adolescente, cuya incorporación al veraneo había sido a trancas y barrancas después de una persistente (y, al final, imperativa) labor del padre, se dedicó con ahínco a dar la tabarra a la madrastra, todavía enojado por la ruptura de sus progenitores y receloso de la estrenada situación.

Porque debajo de la concatenación de oraciones subordinadas con las que se suelen definir los flamantes entramados familiares -el hermano del hijo del novio de mi padre, por ejemplo- hay una variada gama de combinaciones y un universo de sentimientos, algunos encontrados.

"Nos pareció un buen plan para que el mayor se integrara de una vez, su hermana pequeña ya había cumplido los tres años y aún no habíamos pasado una temporada todos juntos, sólo hacía visitas cortas", explica Isabel, médico de 39 años, que conoció a su segundo marido en el trabajo. "La nueva pareja intenta vivir el patrón de las vacaciones de la familia feliz y comete el error de juntarlos a todos por las buenas. Se dan de bruces contra la realidad porque terminan siendo las peores vacaciones de su vida", opina la pedagoga argentina Nora Rodríguez, autora de Hermanos cada 15 días (Integral, 2008). "Los padres creen que se van a dar una buena oportunidad y que es una ocasión fantástica para conocerse todos y crear vínculos, pero lo hijos puede que vayan en otra dirección", añade.

Para escribir el libro, Rodríguez, profesora de Formación Docente del Campus Universitario de la Mediterránea en Barcelona, ha entrevistado a un centenar de personas. De sus páginas sale la cifra de 460.000 familias reconstituidas en España y la proyección de que en 2020 es probable que, vivan o no en la misma casa, superen a las nucleares clásicas. No es descabellado. Según los últimos datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el número de divorcios registrados a lo largo de 2007 en España fue de 130.840, y el de separaciones, de 10.210. El INE señala que cada año más de 100.000 menores ingresan en el apartado de hijos de divorciados, lo que significa que estos niños se convierten en integrantes de las nuevas familias, ya sea por parte de madre, de padre, o de ambos.

Carmen O., técnica de publicidad de 45 años, se encuentra en el grupo de parejas consolidadas que ha ido explorando pacientemente la convivencia hasta culminar en unas vacaciones con todas las patas de la familia reunidas. Lo que no le ha evitado horas de cálculos y un esfuerzo denodado: ella y su novio -que mantienen sus respectivos domicilios- han recurrido al ordenador para confeccionar un cuadrante y que nadie salga perjudicado. Sobre todo Mario, el hijo de Carmen, con 15 años y las hormonas enloquecidas. Está en una etapa en la que su concentración se limita a dos plays, la Play Station y el Playboy, por lo que renunció a un viaje al Caribe si tenía que aguantar a las niñas de Federico (el novio de la madre), de 11 y 8 años, edades absolutamente fuera de su constelación, pese a que la relación con sus nuevas hermanas está exenta de conflictos.

Tras mil y una vueltas al calendario, a los turnos de sus respectivos trabajos y a los dos ex (que a su vez, han tenido descendencia de sus segundas uniones), el embrollo se ha resuelto a fuerza de aflojar pasta: una semana de crucero con las niñas, otra todos juntos en el barco de Federico (con la condición de que Mario pueda llevar a un colega para no aburrirse) y, por último, la pareja sola en Nueva York. Carmen, además, ha pasado unos días con Mario y su madre, que está medio impedida, un factor más a considerar en la difícil ecuación cuando se ha cruzado el umbral de los cuarenta. "Podría haber optado por que cada uno estuviera con sus niños, y luego irnos solos, pero es una relación de tiempo y creo que es importante implicarte afectivamente con los hijos de tu pareja", razona la publicista.

Algo así ocurre poco. Lo común, y más ahora con la cada vez más colosal crisis, es que no se disponga de dinero ni tiempo para disfrutar de tan fastuoso veraneo. Nora Rodríguez cuenta que la mayoría suele tener un par de semanitas y en ellas intenta la agrupación total. "Los padres deberían dedicar dos o tres días a sus hijos biológicos, a un niño le molesta mucho que su padre lo trate igual que a los hijos de su pareja. Ellos necesitan saber que siguen siendo exclusivos".

La exclusividad está garantizada en las rupturas recientes o conflictivas. Juan Luis Rubio, presidente de la Asociación de Padres de Familia Separados (22.000 asociados), explica que lo habitual es repartir las vacaciones entre los hijos y la pareja. "Es muy raro juntar a todos, se renuncia al intento, y no por falta de conexión, sino por temor a que la madre o el padre biológico de los niños se entere de que van a estar con la otra o el otro y saboteen las vacaciones. Es un riego que casi nadie asume".

Si la familia de origen terminó mal, la nueva tardará más en arrancar. A veces las ex parejas aprovechan las vacaciones para tomarse la revancha. Según Rubio, el 60% de los miembros de su organización -hay que tener en cuenta que si acuden a ella es porque tienen problemas- cuando va a buscar a sus hijos se encuentra con que o no están, o no quieren ir con ellos por lo que algunos psicólogos llaman síndrome de alineación parental, el rechazo hacia un progenitor que el otro fomenta en el hijo. "Acuden al juzgado, pero el periodo de vacaciones se agota antes de que terminen los trámites", lamenta.

El teléfono de Manuel Parrilla echa fuego en estas fechas. Abogado matrimonialista, ha llevado el caso de una madre lesbiana, no biológica, a la que la juez ha reconocido en una sentencia como progenitora, sin haber presentado siquiera los papeles de adopción. "Muchos padres utilizan a los niños como arma de presión si no han recibido, por ejemplo, la parte de los gastos extraordinarios que ellos piden. Entonces, si el convenio no refleja hora de entrega, los llevan a las doce de la noche, o justo después de que haya salido el avión rumbo al destino vacacional".

Parrilla opina que los incumplimientos de los regímenes de vacaciones se podrían resolver de forma más ágil desde los órganos judiciales con una simple llamada de teléfono. Según él, es lo que hace la juez de familia de Sevilla María Núñez: llama ella misma y solventa el escollo.

Algunos colectivos niegan la existencia del síndrome de alienación parental porque no está diagnosticado por la Organización Mundial de la Salud. Lo que no se pone en duda es que en ocasiones la aceptación por parte de los hijos de la nueva pareja es un muro difícil de derribar. Antes que la sociedad, el reconocimiento a la familia que se crea lo da la familia de origen. El psiquiatra Roberto Pereira escribe en un artículo que las familias reconstituidas nacen de la pérdida (el divorcio o separación), una pérdida que comporta un duelo, y un vía crucis emocional. Desde que se divorció hace cuatros años, Samuel N., funcionario de 50 años, ha hecho el esfuerzo de guardar una parte de su descanso laboral para viajar con su hija. Los dos solos.

La chica, que cuando empezó todo tenía 15 años, se resiste a convivir un fin de semana con la pareja de Samuel, un entuerto que no tuvo que afrontar con los dos mayores porque ya eran independientes. Ahora se acaba de casar, y ha dicho que se terminó: "Mi hija tiene que respetar mi elección y no puede organizarme la vida". La joven (ya ha cumplido 19 años) se ha perdido un recorrido por las ciudades más turísticas de Italia junto a Samuel, su esposa y la hija de ésta, de 14 años, quien, por cierto, repite la misma pauta de comportamiento que su hermanastra con la mujer de su padre como diana.

¿Qué hay de las situaciones que describen con humor teleseries como Los Serrano? En las tramas inventan poco. Existen. En una pequeña ciudad costera andaluza aún se comenta el desenlace del matrimonio de un viudo con cuatro hijos y una divorciada con tres. Cuando la mujer se cruzaba con las amigas en el centro comercial comentaba aliviada lo bien que habían conectado los menores de la recién inaugurada saga: una chica de 16 años y un chico de 18. Y tanto que habían conectado. Mucho. Al poco tiempo, los murmullos y trasiegos nocturnos descubrieron a los estupefactos padres que los niños se habían enamorado.

Las parejas de gays y lesbianas con hijos de uniones previas lo tienen doblemente complicado. La relación ha de estar muy asumida por el entorno para pensar en unas vacaciones. César Sanz, secretario de Galehi (Asociación de Familias de Gays y Lesbianas con Hijos e Hijas), dice que aún no lo han analizado con detenimiento, pero lo que sí han constatado es que cada vez habrá más, porque las personas que han tenido hijos "tardan en salir del armario". Rosa H. relata cómo un proyecto de vacaciones fue la chispa que hizo que se fuera al traste su relación con una mujer con dos hijos de padres diferentes. "El progenitor del segundo no lo consintió, amenazó con quitarle a mi pareja la custodia y con el desgaste todo se derrumbó".

La pedagoga Nora Rodríguez aconseja a las nuevas familias no forzar vínculos instantáneos, que traten de conciliar diferentes gustos y hábitos para ver qué se puede hacer y qué no. "De cómo se afronten las primeras vacaciones dependerá el modo que enseñemos la parte de socialización, la parentalidad". Si se alquila una casa o se va a un hotel, que cada uno tenga un lugar en el que se sienta cómodo, porque va a ser su refugio.

No se trata de hacer cosas espectaculares para impresionar a los hijos, el efecto puede ser contraproducente. Rodríguez recuerda el caso de una niña pequeña a la que le habían preparado todo un planazo con la novia del padre y el hermanastro. Pero la cría reaccionó en dirección opuesta porque disfrutó tanto que quiso hacer partícipe a sus seres queridos.

Al final de la jornada, en la terraza de una cafetería, se hace balance.

-¿Te lo estás pasando bien? -le pregunta el padre.

-Sí, sí, me lo estoy pasando muy bien, ¡qué pena que se lo haya perdido mamá! ¿Por qué no ha venido?

A la mamastra se le atragantó la aceituna. EL PAIS


Igualdad asegura que en agosto se produce un "recrudecimiento" de la violencia de género
Expertos recomiendan a las parejas no funcionar desde el conflicto e igualdad de tiempo libre durante las vacaciones

MADRID, 5 Ago. (EUROPA PRESS)


En agosto se produce un "recrudecimiento" de la violencia de género y de la violencia familiar, según confirmaron a Europa Press fuentes del Ministerio de Igualdad, que achacaron esta tendencia a un aumento de la convivencia y a un alejamiento de las rutinas.

Para el Ministerio de Igualdad, el mes de vacaciones por excelencia se convierte así en un periodo "especialmente conflictivo" en este tipo de agresiones, no sólo de violencia machista sino en el entorno familiar relacionado con un mayor tiempo de convivencia.

Ante estos datos, los expertos recomiendan a las parejas que se desplazan a sus lugares de veraneo con una crisis preexistente "intentar no funcionar desde el conflicto", no llevar una idea preconcebida de que las vacaciones "van a ser un desastre" y mantener "igualdad de tiempo libre".

MÁS AGRESIVIDAD A MÁS TEMPERATURA

Así, para el psiquiatra José Cabrera dos factores confluyen en verano: la familia que habitualmente no se ve durante el año está obligada a verse durante el verano y hay más violencia en general con calor que cuando hace frío, es decir, hay más agresividad a mayor temperatura. Estas dos premisas, explica Cabrera a Europa Press, hacen que las estadísticas de violencia de género aumenten.

Por otra parte, el experto indicó que el varón tiene más dificultad para llenar su tiempo libre y el verse con muchas horas sin quehacer le provoca cierta frustración, mientras que la mujer tiene mayor capacidad de entretenimiento por sí sola. "Todo ello le da al cóctel su carácter violento", declaró.

Cabrera recomendó que ningún miembro de la pareja tenga que hacer nada durante las vacaciones, que haya igualdad en lo que se refiere al tiempo libre. "Hay que llegar a un pacto antes de llegar al destino. Intentar vivir con normalidad. Estar ambos ocupados o disfrutando del entretenimiento juntos", indicó.

PSCOTERAPIA EN FAMILIA

Por su parte, la psicoterapeuta familiar Blanca Armijo Núñez, del centro Psicoact Madrid, explicó a Europa Press que sólo afloran en verano las crisis preexistentes y que, efectivamente, al haber más tiempo de convivencia puede surgir en mayor medida la crisis.

"Cuando una crisis está ya instalada, la comunicación está alterada, las expectativas están alteradas y se funciona desde el conflicto", señaló y recomendó en líneas generales "no funcionar desde el conflicto" y no tener una "idea preconcebida de desastre" ante las vacaciones.

En cualquier caso, la psicoterapeuta explicó que el tratamiento ante la crisis es la psicoterapia en familia porque "no hay un libro de recomendaciones" puesto que las problemáticas familiares son complejas y no hay nada que pueda servir para todas las familias. "Si todos no esforzamos va a ir la cosa bien", insistió.

Con todo, Armijo Núñez constató una aumento de rupturas matrimoniales antes y después de las vacaciones de verano. Las parejas que todo el año han estado inmersas en una rutina se plantean si ir de vacaciones juntas o la separación en estas fechas y después de las vacaciones porque se comprueba que las cosas no han ido bien.

VIOLENCIA EN FAMILIA DESETRUCTURADA

Desde el Instituto de Política Familiar (IPF), su presidente, Eduardo Hertfelder, explicó que la familia es el termómetro de la sociedad y que si se produce en estos momentos una mayor violencia es porque está desestructurada, algo que atribuyó a leyes que "regresivas" para con la familia.

Hertfelder explicó que se produce más violencia en el entorno familiar en momentos de ruptura o posruptura del matrimonio por lo que, a su entender, para evitar esta violencia "hay que ir al origen" con la promoción de leyes que se centren en reducir la ruptura matrimonial.

En este sentido, consideró que el Gobierno central "está siendo pirómano y la familia refleja la consecuencia lógica de una política que potencia la ruptura, de leyes regresivas". EUROPA PRESS

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Enamoramiento y elección de Pareja



Flechazo ¿Mito o realidad?

¿Qué es el flechazo? sensaciones, duración, alcance, consecuencias que provoca...

El enamoramiento es un estado muy complejo del ser humano con expresiones en el campo cognitivo, bioquímico, afectivo… que se produce en situaciones de carencia personal. Por eso se vive como una experiencia de cambio, de renovación, de creatividad, de fantasía, de bondad. El estar enamorado supone la unión de dos seres que previamente estaban separados. Se borran las diferencias entre "mí mismo "y "el otro". Es una experiencia de compartir el mundo, de ser transparente, seguro, armónico, total... Los elementos del mundo adquieren una significación personal e imborrable. Se da en estados de carencia, de duda, de crisis… Los que más se enamoran son los adolescentes y los "cuarentones"(R. Manrique). Haciendo referencia clara a la carencia original que nos lleva a buscar en el otro aquello que me completa y que me tranquiliza frente a mis miedos e inseguridades; de este modo, una persona más madura (esto es, capaz de gestionar de forma eficaz sus deseos) se enamoraría menos y amaría y disfrutaría más.

Puesto que el enamoramiento surge de la carencia, es más frecuente en momentos de crisis, por lo que también supone una oportunidad. La crisis podemos verla como peligro y como oportunidad de cambio y evolución.
En todo caso, podríamos decir que cuando se da un “flechazo” siempre existen motivos de peso en la o las personas afectadas, para que esto ocurra. Habitualmente, no somos conscientes de dichos motivos, podemos pensar que ha sido el color de sus ojos lo que nos atrajo de la otra persona, pero si buscamos un poco más allá, en la consulta descubrimos que las parejas no se eligen de manera fortuita; que nos gustó por ej la seguridad con que nos habló (porque esto nos era muy diferente a lo que vivimos en casa con un padre que nunca defendía a nuestra madre) o su mirada (porque ya desde el inicio ella estaba enamorada de él y él sintió que el enamoramiento de ella le salvaría de sentirse abandonado, su mayor temor)... (habría tantos ejemplos como parejas existen, pero proponemos estos dos para ver el matiz de que con un gesto o una mirada, podemos estar trasmitiendo muchas cosas).


¿La gente, por lo general, sigue sus impulsos enamoradizos o se lo piensa dos veces antes de dejarlo todo por alguien que acaba de conocer?
Cuando un “flechazo” se queda ahí, en una sólo mirada o en una primera conversación... ¿es un flechazo de verdad?

Hablábamos de “enamoramiento” como estado de enajenación mental transitoria y desde ahí, podemos decir que existe cierto riesgo en tomar decisiones drásticas (seguirle al fin del mundo) bajo este estado; a pesar de este peligro, es algo que todo el mundo debería disfrutar en algún o algunos momentos de su vida.


¿Es el flechazo garantía de éxito?
¿Es más frecuente que el flechazo termine bien o mal?, ¿por qué?

Si una relación de pareja comienza de manera muy apasionada o más lentamente, no es garantía de éxito ni fracaso, si bien al analizar los motivos que llevaron a cada uno de los miembros de la pareja a elegirse, podemos descubrir que en algunos casos, existen carencias afectivas importantes en cada uno de los miembros de la pareja y es precisamente a través de esa carencia por lo que se eligieron y es difícil que las elevadas expectativas de llenar dicho vacío, se vean frustradas en algún momento.
Desde esto último, sí podríamos pensar que en los casos en los que la carencia es mayor, el sentimiento de enamoramiento y de fusión con el otro al inicio de la relación, también puede ser mayor y por tanto, la frustración posterior está casi asegurada. En todo caso, para que las relaciones de pareja se den y salgan adelante, el enamoramiento es una parte importante y necesaria que no hay que temer ni apagar, sino disfrutar mientras dure.

Cuando el enamoramiento termina, existen dos posibilidades: o la relación se rompe o da paso al “amor”:
Lo que llamamos amor es una experiencia emocional, mucho más amplia que el enamoramiento (al que engloba al inicio de la relación) que nos habla de cómo nos va en una serie de características. De forma son:
· Domesticidad: El gusto por lo cotidiano, lo predecible,... el gusto por la repetición y la rutina que contiene toda felicidad.
· Apego: Describe el placer de aquellos que se aman por estar juntos físicamente.
· Erotismo: Es el placer del sexo después de su elaboración por la fantasía y la imaginación.
· Enamoramiento: Es el estado de placer por la fusión y la proyección de un amante en otro.
· Racionalidad: Es la evaluación que según los intereses, deseos y valores de cada uno se realiza acerca del otro.
· Memoria: Es la presencia de la historia de la relación en el día a día de la experiencia amorosa.
· Mutualidad: Es la reciprocidad, el intercambio que se da entre las acciones de ambos amantes.
· Diversión: Describe la dimensión lúdica, festiva, de juego, de "como si", de risa y alegría en la interacción de los que se aman.



Flechazo no correspondido
¿Es el flechazo siempre recíproco?

Alguien midió la comunicación en la pareja y descubrió que dialogan más en la tercera cita y en el año que precede al divorcio que en el resto de la relación. En las relaciones de seducción y galanteo, aparece una crisis alrededor de la tercera cita, cuando uno de los dos empieza a sentir primero el apego; si aún no ha comenzado a tener ideas románticas puede sentirse desconcertado y considerar que está en una relación desagradable o difícil. Uno de los dos debe ser el primero en reconocer la posibilidad de que eso que siente sea enamoramiento.
Amar es sufrir, no amar es enfermar dijo Sigmund Freud, en cierta medida, decir “te quiero” es aterrador, no decirlo también y no oírlo como respuesta es motivo de un malestar profundo. Ciertas personas inseguras, se desmoronan al comienzo de una relación, temerosas de que su necesidad de amor no sea satisfecha. No les interesa mucho la calidad de su propio amor o las necesidades del otro, sólo les importa si recibirán el amor que temían no obtener nunca. La mayoría de la gente, madura y nunca más siente semejante pánico acerca de si es o no amada.


La hormona que interviene en los flechazos amorosos
· En la State University de Nueva York, en Stony Brook, un puñado de jóvenes que acaban de enamorarse locamente se ofrecieron como voluntarios para que escanear sus cerebros y determinar así cuáles son las áreas que se activan cuando observan fotos de sus amados o amadas.
Así se pudo ver que eran precisamente aquellas que son ricas en una poderosa sustancia química que ayuda a sentirse bien, la dopamina. La dopamina es una hormona clave en el sistema de retribuciones del cerebro, red de células vinculadas con el placer y las adicciones. Y que sería la responsable, entonces, de los "flechazos" amorosos.
En el mismo laboratorio, voluntarios de más edad que dijeron seguir muy enamorados luego de dos décadas de matrimonio participaron también del experimento. Se observó que se activaban las mismas zonas del cerebro, lo que muestra que, al menos en algunas parejas afortunadas, la sensación de luna de miel puede durar. Sin embargo, en estas personas, también se activaban otras zonas, aquellas ricas en oxitocina, la sustancia química de los mimos, que ayuda a las madres a fabricar leche y a relacionarse con sus bebés. La que se libera también durante el orgasmo y la vinculada, en los animales, con la monogamia y los vínculos de largo plazo.
Es demasiado pronto como para afirmar que los neurobiólogos lograron traducir esos cálidos y confusos sentimientos que llamamos amor romántico en una serie de elementos químicos y señales eléctricas del cerebro. Pero sí cuentan con una hipótesis plausible, que la dopamina juega un gran papel en la excitación del amor y que la oxitocina es clave para la experiencia más serena del cariño.
*Fragmento del artículo publicado en la ventana de la libertad: http://ventana.delalibertad.com/miscelaneos/111-miscelaneos/498-dopamina-la-hormona-que-interviene-en-los-flechazos-amorosos.html

Como en cualquier otro aspecto de nuestro complejo comportamiento humano, las cuestiones relacionales y ambientales acaban teniendo una repercusión fisiológica evidente (a nivel hormonal, neuronal,...) igual que podríamos afirmar, que dichas modificaciones fisiológicas tienen repercusión en nuestras emociones y conductas consecuentes; esto no es contradictorio sino complementario con los planteamientos y abordajes psicológicos que proponemos al inicio de este artículo.


ASESORA:

Blanca Armijo Núñez, Psicóloga y Psicoterapeuta de:
Centro PSICOACT. Sistema de Salud Integral y Psicoterapia.
Tel: 91 630 14 09
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Para leer

SEXO, EROTISMO Y AMOR: COMPLEJIDAD Y LIBERTAD EN LA RELACION AMOROSA
de Rafael Manrique

Este ensayo sostiene que lo amoroso, entendido como la dimensión antropológica y cultural más importante del ser humano, se articula sobre la sexualidad y el erotismo. La construcción de la realidad humana requiere la elaboración de la libertad y la complejidad en las relaciones amorosas.

Con ello el libro participa de dos corrientes científicas y culturales de suma importancia en la actualidad. Por un lado, desde una perspectiva multidisciplinar, se hace eco de la crítica cultural, la antropología, la psicología y la sociología. Por otro, se sitúa en una de las concepciones más fecunda del pensamiento científico actual: el constructivismo.

Hoy en día observamos una revalorización de las relaciones humanas y los valores éticos que puede concretarse en un interés y un deseo por lo personal, lo íntimo, lo relacional y lo amoroso. Este trabajo defiende esta postura y aporta una elaboración conceptual acerca de lo amoroso y de todos los fenómenos que se asocian al amor: sexualidad, erotismo, enamoramiento, pornografía o vida cotidiana de una pareja.

El estudio que se plantea en este libro es útil porque, en primer lugar, permite una profundización cognitiva que facilita ideas prácticas para analizar y comprender los detalles de la vida amorosa. Y aunque es un libro riguroso en su análisis, está concebido para ser leido por cualquier persona interesada en el tema. De este modo puede resultar atractivo tanto a los profesionales de las relaciones humanas -médicos, psicólogos, psiquiatras, profesores, abogados, trabajadores sociales, pedagogos- como para quienes se interesan por este tema desde una perspectiva intelectual o práctica.


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Trastorno por deficit de atención con o sin hiperactividad

CONSENSO DE PROFESIONALES DEL ÁREA DE LA SALUD SOBRE EL LLAMADO "TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN CON O SIN HIPERACTIVIDAD"
(noticia de la FEAP ver en www.feap.es)

Los abajo firmantes, profesionales del campo de la psicología, la psiquiatría, la neurología, la pediatría, la medicina familiar, la psicopedagogía y la psicomotricidad, queremos hacer llegar al Ministerio de Sanidad y a las correspondientes Consejerías de cada Comunidad Autónoma, por consenso, la siguiente solicitud:
Asistimos en nuestra época a una multiplicidad de "diagnósticos" psicopatológicos que simplifican las determinaciones de los trastornos infantiles y regresan a una concepción reduccionista de las problemáticas en Salud Mental Infanto-juvenil y de su tratamiento.
Esta concepción utiliza de modo singularmente inadecuado los avances en el terreno de las neurociencias para derivar de estos un biologismo extremo que no da valor alguno a la complejidad de los procesos subjetivos del ser humano. Procediendo de manera sumaria, esquemática y carente de verdadero rigor científico se hacen diagnósticos y hasta se postulan nuevos cuadros a partir de observaciones y de agrupaciones arbitrarias de rasgos, a menudo basadas en nociones antiguas y confusas. Es el caso del llamado síndrome de “Trastorno por Déficit de Atención con y sin Hiperactividad” (TDAH) (Lasa Zulueta, 2001; Cáceres, L., 2000; Misés, R, 2004; Golse, B, Armstrong, Th, 2000; Morin, E., 1994; Fourneret, P., 2004; Dillar 2002; Feinstein 2004; Tizón J. 2007; Jensen Mrazek 2009). Esta cuestión plantea una situación de particular complejidad en el Estado Español al carecer de la especialidad de Psiquiatría Infanto-juvenil. Es por tanto, aún más frecuente el diagnóstico y tratamiento de niños por profesionales de la medicina no formados para tan delicada tarea.

Este diagnóstico de este síndrome se realiza generalmente en base a cuestionarios administrados a padres y/o maestros y el tratamiento que se suele indicar es: medicación y modificación conductual. En un importante número de casos se ha observado en el Estado español que también se incluye como batería diagnóstica la lectura de ondas electroencefalográficas así como cartografías cerebrales a la que se le adjudica un alto grado de especificidad en el diagnóstico como método complementario que aporta un dato inequívoco del diagnóstico del TDAH.
El resultado es que los niños son medicados desde edades muy tempranas, con una medicación que no cura (se les administra de acuerdo a una situación, por ejemplo, para ir a la escuela) y que en muchos casos disimula sintomatología grave que se manifestará en un futuro o encubre deterioros que se profundizan a lo largo de la vida. Asisitimos en la actualidad a una serie de intervenciones terapeúticas que basándose en una perspectiva no farmacológica promueven intervenir sobre la conducción cerebral (ondas) como tratamiento específico del síndrome (Neurofeedback). Intervenciones en este sentido incurren en las mismas falencias que los anteriores.
En otros casos, ejerce una pseudo regulación de la conducta sin ejercer modificaciones reales sobre las motivaciones que podrían regular posibles brotes futuros, dado que tanto la medicación así como intervenciones no farmacológicas como la "modificación conductual" tienden a acallar los síntomas, sin preguntarse qué es lo que los determina ni en qué contexto se dan. Y así, pueden intentar frenar las manifestaciones del niño sin cambiar nada del entorno y sin el estudio pormenorizado de la estructuración del psiquismo del niño, de sus angustias y temores. (Bleichmar S, 1998; Gaillard, 2004; Levin, E, 2004; Lasa Zulueta, 2001; Tizón J 2007, Jensen & Mrazek 2009; San josé J & Nadal D 2002; Feinstein 2004; Massei H 2005) Es decir, lo primero que se hace es diagnosticarlo de un modo invalidante, con un "déficit" de por vida, luego se lo medica o se intervienen terapeúticamente sobre la materialidad eléctrica del cerebro y se intenta modificar su conducta.
Así, se marca, reduciendo la complejidad de la vida psíquica infantil a un paradigma simplificador. En lugar de un psiquismo en estructuración, en crecimiento continuo, en el que el conflicto es fundante y en el que todo efecto es complejo, se supone, exclusivamente, un "déficit" neurológico (Berger, M, 2005; Janin, B, 2004; Rodulfo, R, 1992; Breeding J, 1996; Tizón J 2007; Jensen 2009).
Nos hemos encontrado con niños en los que se diagnostica TDAH cuando presentan cuadros psicóticos, otros que están en proceso de duelo o han sufrido cambios sucesivos (adopciones, migraciones, etc.) o es habitual también este diagnóstico en niños que han sido víctimas de episodios de violencia, abuso sexual incluido (Bleichmar, S., 1998; Touati, B, 2003; Janin, B, 2004; Tizón J, 2007).
A la vez, los medios de comunicación hablan del tema casi como si se tratara de una suerte de epidemia, divulgando sus características y los modos de detección y tratamiento. Se banaliza así tanto el modo de diagnosticar como el recurso de la medicación. En el límite, cualquier niño, por el mero hecho de ser niño y por tanto inquieto, explorador y movedizo, se vuelve sospechoso de padecer un déficit de atención, aún cuando muchísimos de esos niños exhiben una perfecta capacidad de concentración cuando se trata de algo que les interesa enérgicamente (Armstrong,
2000).
Sabemos que los problemas de aprendizaje suelen ser motivo de consulta muy frecuentemente y que complican la vida del niño en tanto que lo muestran como fracasado allí donde se expone a la mirada social. El "no atiende en clase" aparece como una queja reiterada de los adultos, que engloban con esa frase gran parte de las dificultades escolares.
Hay escuelas de educación primaria en las que una cantidad alarmante de alumnos están medicados por TDAH sin que se formulen preguntas acerca de las dificultades que presentan los adultos de la escuela para contener, transmitir, educar ni acerca del tipo de estimulación a la que están sujetos esos niños dentro y fuera de la escuela. Es decir, se supone que el niño es el único actor en el proceso de aprender (Frizzera, O, Heuser, C, 2004; Untoiglich, G, 2004; Kremenchuzky J, 2004).
Pensamos que los niños que no pueden sostener la atención en todo lo relacionado con la escuela, que no permanecen sentados en clase o que están abstraídos, como "en otro planeta", expresan a través de estas conductas diferentes conflictivas (Bergés, J, 1990; Janin, B, 2004).
En una época en que los adultos están en crisis, este tipo de tratamiento pasa por alto la incidencia del contexto, a pesar de las investigaciones que demuestran la importancia del ámbito en el que el niño se desenvuelve (Armstrong Th, 2000; Duché, D, 1996; Berger, M., 2005; Jensen et al, 1997; Harrison, Ch, 2002; Berenstein I & Puget 2008).

En tanto el ser humano es producto de una historia y un entorno, imposible de ser pensado de forma aislada, tenemos que pensar también en qué situaciones, en qué momento y con quiénes se da este funcionamiento. La familia, fundamentalmente, pero también la escuela, son instituciones que inciden en esa constitución. Instituciones marcadas a su vez por la sociedad a la que pertenecen (Armstrong Th, 2000; Winnicott D, 1971; Massie, H.y Rosenthal, J, 1986; Shore, A N, 1994; Bick, E, 1968; Rojas, M.C., 2004; Bleichmar S, 1986; Castoriadis 1997; Lewkowicz 2004).
¿Los niños desatentos e hiperactivos dan cuenta de algo de lo que ocurre en nuestros días? Padres desbordados, padres deprimidos, docentes desbordados por las exigencias, un medio en el que la palabra ha ido perdiendo valor y con normas que suelen ser confusas, ¿incidirán en la dificultad para atender en clase? (Duché, D, 1996; Fernández, A, 2000; Golse, B., 2003; Fourneret, P, 2004; Jensen, PS, 1997).
Tampoco se ha tomado en cuenta la gran contradicción que se genera entre los estímulos de tiempos breves y rápidos a los que los niños se van habituando desde temprano con la televisión y el ordenador, donde los mensajes suelen durar unos pocos segundos, y donde predomina lo visual, y los tiempos más largos de la enseñanza escolar centrada en la lectura y la escritura a los que el niño no está para nada habituado (Golse, B, 2001; Jensen, PS, 1997; Armstrong Th, 2000; Diller L, 2001).
Por todo esto es totalmente inadecuado desde el punto de vista de la salud pública unificar en un diagnóstico a todos los niños desatentos y/o inquietos sin una investigación clínica pormenorizada.
Así, en las escuelas hay niños desatentos que se quedan quietos y desconectados, otros que se mueven permanentemente, algunos que juegan en clase, otros que reaccionan inmediatamente a cada estímulo sin darse tiempo a pensar... Un niño que no atiende, que se mueve desordenadamente, generalmente atiende de otro modo y a otras cuestiones diferentes a lo esperable. Y no puede ser englobado en una entidad nosográfica única (Janin, B, 2000a, 2002, Berger, M, 2005; Flavigny, Ch, 2004; Duché, D, 2001; Tustin, 1981; Bleichmar, S, 1998).
No desconocemos la importancia de los trastornos neurológicos, de los desarrollos actuales en neurología y del recurso de la medicación como privilegiado en ciertas patologías. Pero consideramos que en este caso se atribuyen a un déficit neurológico no comprobable problemas muy diferentes (Benasayag, L, 2002; Tallis, 2004; Rodulfo, M, 2005; Solter A, 1998).
Hay consenso en la comunidad científica que lo que se denomina TDAH refleja situaciones complejas, ligadas a diferentes patologías. Sin embargo, esto suele no ser tomado en cuenta (Lasa Zulueta, 2002; Benasayag, L, 2002; Cáceres, L, 2000; Valentin, E, 1996; Daumerie, N, 2004; Gibello, B, 2004; Warren, 1997, Gaillard, 2004).
Pensamos entonces que se agrupan con ese nombre múltiples expresiones del sufrimiento infantil que merecen ser consideradas en su singularidad y tratadas teniendo en cuenta su multideterminación.
Es decir, la diferencia se da entre pensar que:
a) una manifestación implica un cuadro psicopatológico y una causa orgánica y que de ahí se deriva un tratamiento o que
b) una manifestación puede ser efecto de múltiples y complejas causas y que hay que descubrir cuáles son y por consiguiente, cuál es el tratamiento más adecuado.

También hay oposición entre la idea de que el diagnóstico puede ser hecho por padres y/o maestros a partir de cuestionarios (como si fueran observadores no implicados), y el sostener que todo observador está comprometido en lo que observa, forma parte de la observación y que los padres y los maestros están absolutamente implicados en la problemática del niño, por lo que no pueden ser nunca "objetivos". (Ya a comienzos del siglo XX el físico Heisenberg planteó que el observador forma parte del sistema). A la vez el cuestionario utilizado habitualmente está cargado de términos vagos e imprecisos (por ejemplo, lo que es “inquieto” para alguien puede no serlo para otro). Esto último lleva a pensar que es imposible realizar un diagnóstico de un modo rápido y sin tener en cuenta la producción del niño en las entrevistas (Cramond, 1995; Duché, 1996; Calmels, D, 2003; Tallis, J, 2004; Farré Riba, 2000).
Desde nuestra perspectiva, nos encontramos con un niño que sufre, que presenta dificultades, que esas dificultades obstaculizan el aprendizaje y que debemos investigar lo que le ocurre para poder ayudarlo.
Es importante también destacar que muchas veces lo que se considera no es tanto este sufrimiento sino la perturbación que la conducta del niño causa en el medio ambiente, por lo cual la medicación funciona como un intento de aplacar a un niño que se "porta mal" (Levin, 2003; Keirsey, 1998).
Aún cuando los medios científicos hablan de las contraindicaciones de las diferentes medicaciones que se utilizan en estos casos, (Carey, W, 1998, 1999, 2000, 2001; Diller, L, 2003) llama la atención la insistencia con la que los medios publicitan el consumo de medicación como indicación terapéutica privilegiada frente a la aparición de estas manifestaciones (Clarín, 2004; La Nación, 2004; Safer, D, 1996; País 2010; cantidad de periódicos locales sólo por mencionar un ejemplo Heraldo de Aragón 2009 y publicaciones dependientes de éste).
Todas las drogas que se utilizan en el tratamiento de los niños que presentan dificultades para concentrarse o que se mueven más de lo que el medio tolera, tienen contraindicaciones y efectos secundarios importantes, como el incremento de la sintomatología en el caso de los niños psicóticos, así como consecuencias tales como retardo del crecimiento (Benasayag, L, 2002; Goodman y Gilman’s, 1995; Baughman, 2001; Carey, 2001; Efron et al, 1998; Vademécum Vallory 1999).
En diferentes trabajos, con respecto al metilfenidato, se plantea que:
· No se puede administrar a niños menores de seis años.
· Se desaconseja en caso de niños con tics (Síndrome de Gilles de la Tourette).
· Es arriesgado en caso de niños psicóticos, porque incrementa la sintomatología.
· Deriva con el tiempo en retardo del crecimiento.
· Puede provocar insomnio y anorexia.
· Puede bajar el umbral convulsivo en pacientes con historia de convulsiones o con
EEG anormal sin ataques (Goodman and Gilman’s, 1995; Breggin, P, 1998, 1999, 2001; Vademécum Vallory, 1999, Cramer et al, 2002; Schachter et al, 2001).
Con respecto a las anfetaminas en general, éstas han sido prohibidas en algunos países (como en Canadá), además de ser conocida la potencialidad adictiva de las mismas (CADRMP, 2005).
Con respecto a la atomoxetina, se ha llegado a la conclusión de que produce (en forma estadísticamente significativa):

· Aumento de la frecuencia cardíaca.
· Pérdida de peso, pudiendo derivar en retardo del crecimiento.
· Síndromes gripales.
· Efectos sobre la presión arterial.
· Vómitos y disminución del apetito.
· No existe seguimiento a largo plazo (Baughman, 2005; P R Vademécum, 2005).

También nos preguntamos, ¿la medicación dada para producir efectos de modo inmediato (efectos que se dan en forma mágica, sin elaboración por parte del sujeto), como necesaria durante largo tiempo, no desencadena adicción psíquica al ubicar una pastilla como modificadora de actitudes vitales, como generadora de un "buen desempeño"? (Tallis, 2004; Keirsey, 1998).
Frente al avance de la difusión de este "trastorno” y la posibilidad de inclusión de la medicación en las recetadas de la Seguridad Social o los Servicios de Salud de cada Comunidad, teniendo en cuenta todo lo anteriormente expresado, los abajo firmantes, proponemos:
· Que la evaluación de cada niño sea realizada por profesionales expertos en la temática y que se le otorgue la posibilidad de ser tratado de acuerdo a las dificultades específicas que presenta.
· Que la medicación sea el recurso último (y no el primero) y que sea consensuada por diferentes profesionales.
· Que se tome en cuenta el contexto del niño en la evaluación. La familia, pero también el grupo social al que el niño pertenece y la sociedad en su conjunto, pueden facilitar o favorecer funcionamientos disruptivos, dificultades para concentrarse o un despliegue motriz sin metas.
· Que se acote en los medios la difusión masiva de la existencia del trastorno por déficit de atención (cuando es un trastorno sobre el que no hay acuerdo entre los profesionales) y, sobre todo, el consumo de la medicación como solución mágica frente a las dificultades escolares.

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Con el Castigo NO basta - Juan U. Rivas Fdez

Juan Ubaldo Rivas Fernández
Psicoterapeuta. Mediador. Personal laboral en Servicios Sociales.

Tras la lectura del artículo “Depende de quién te toque”, publicado en el Diagonal 111 (jueves 22 oct. 2009) en este necesario espacio sobre la utilidad del trabajo social, me surgen varias preguntas que me gustaría exponer aquí. Quiero contribuir a este debate con el objeto de analizar la problemática de la violencia de género y posibilite abordajes que ayuden a la resolución de esta lacra social.

La Ley Integral contra la Violencia de Género, los programas de atención para víctimas y las campañas publicitarias han aportado avances determinantes como la visibilización pública de un problema antes considerado como privado, la sensibilización social contra la discriminación histórica de la mujer y el castigo a los agresores que cometen un delito antes banalizado. Pero también conllevan sombras importantes. ¿Por qué no están consiguiendo que se reduzca el número de mujeres asesinadas?

La Ley centra las soluciones en el castigo al agresor. Desde las instituciones apenas se ofrecen recursos para prevenir el maltrato. Ni se contempla la rehabilitación de los maltratadores por considerarla imposible (se suele decir que si un maltratador acepta someterse a tratamiento, lo hace para engañar a las instituciones).Se deja indefensos a los hijos en los procesos judiciales y expuestos a dolorosas manipulaciones por sus padres (y sus abogados) para conseguir su custodia. Y, sutilmente, contribuye al mantenimiento de la relación entre géneros tradicional del patriarcado.
El actual abordaje del problema establece una dicotomía, hombre maltratador/mujer víctima, que mantiene en el ideario colectivo la oposición entre géneros propia del patriarcado: los hombres dominan y las mujeres asumen ese dominio. ¿No existen en nuestra sociedad mujeres poderosas en base a valores tradicionalmente masculinos y hombres que se dedican al cuidado de otras personas desde un rol tradicionalmente femenino?
El problema es que se parte de una generalización del concepto de maltrato a todo conflicto de pareja y, además, se califica como unidireccional. ¿Es siempre la mujer la receptora de violencia en toda relación de pareja conflictiva? ¿Es una norma que la mujer esté siempre en una posición de inferioridad? ¿Cabe la posibilidad de hombres-víctima y mujeres-maltratantes? El conflicto es parte de la vida y su resolución causa sufrimiento, pero no siempre se puede hablar de que haya maltrato, no siempre se puede hablar de violencia unidireccional. Existe también el maltrato mutuo. Y relaciones de pareja conflictivas.
El origen del maltrato no está únicamente en el patriarcado. Sin negar su influencia, existen múltiples variables propias de la complejidad de las relaciones de pareja. La expectativa sobre la pareja, como generadora exclusiva de felicidad, descuidando otras relaciones; el modelo de familia nuclear cerrada al exterior; la concepción católica del matrimonio como sacramento; el mito del amor eterno; el estigma del divorcio como fracaso personal; las carencias afectivas y la deficiente educación emocional; la injerencia de las familias de origen; adicciones; psicopatologías, etc.

Tenemos que acercarnos a los problemas desde una perspectiva multidimensional. La intervención ha de particularizarse según las características únicas de cada relación. Nos encontramos con parejas donde hay conflictos o maltrato incipiente, o mujeres que no quieren denunciar, o que, tras denunciar, regresan con su pareja. Desde el trabajo social hay que ofrecer tratamientos para reequilibrar esas parejas; fomentar la comunicación no violenta entre ellos; prevenir las agresiones rompiendo el ciclo de la violencia y concienciarles para una adecuada educación afectiva de sus hijos. Desde los juzgados habría que derivar los casos de mujeres que regresan con sus maltratadores a programas de intervención psicosocial. No podemos abandonar a estas mujeres y negarles la ayuda porque no opten por la separación.
Hay que desmontar el mito de que la terapia de pareja es sólo para unir y reconstruir la relación en común. Una terapia es un espacio abierto que puede servir también para elaborar una separación; posibilita la escucha de las necesidades de cada uno, la gestión de sentimientos negativos y la aceptación de un deterioro irreversible en la relación. El terapeuta que trabaja desde la institución pública se convierte en un elemento de control que impide la comisión de actos violentos. La terapia supone un espacio común donde los dos se sienten escuchados y no permite que el hombre se sienta abandonado, olvidado y calificado como “malo” por el sistema.
Nunca se podrá atajar este problema sin trabajar con los hombres. Sin ayudarles a elaborar sus emociones y a descartar la violencia como solución a los problemas. La agresión es la respuesta más primitiva y propia de quien no dispone de habilidades de relación interpersonal ni de resolución de conflictos. Herencia de la sociedad patriarcal que legitima el uso de la fuerza física del hombre y le niega su mundo emocional. Una forma de hacer tambalear al patriarcado es reeducando a los hombres en la emocionalidad y las relaciones afectivas con otras personas.
Pero el principal error de la ley es la prohibición injustificada de la Mediación en caso de existir denuncia de violencia de género. Curiosamente, la misma ley no prohíbe la conciliación o que los cónyuges presenten un acuerdo de separación pactado entre ellos. ¿Ha sido la Mediación vetada desde un desconocimiento de esta técnica de resolución de conflictos?¿Están equivocados los juzgados de Argentina, Canadá, EE. UU. o Reino Unido, donde sí se ofrece esta posibilidad?
Sin la mediación se imposibilita una vía para interrumpir situaciones de maltrato. No es una técnica válida para todos los casos. Lo primero porque es voluntaria. Y lo segundo porque está contraindicada en casos de claro desequilibrio entre las partes. Los mediadores están formados para valorar estos supuestos y descartar la negociación si no hay garantías de que los acuerdos estén basados en la libre voluntad de los participantes.
La mediación facilita una mejor gestión de sentimientos (ira, rabia, frustración) que suelen acompañar a las separaciones. Supone una solución creativa y ajustada a la especificidad de cada relación al devolver el protagonismo a los miembros de la pareja. Son ellos los que deciden las condiciones de su separación y no personas ajenas. Por ello disminuye los casos de impago de pensiones de alimentos, incumplimiento del régimen de visitas, previene nuevos actos de violencia y aísla a los hijos del proceso de separación, permitiendo que puedan relacionarse con ambos tras la separación.
La vía penal es necesaria para los delitos cometidos contra la integridad física y moral de las mujeres, pero no puede ser la única. La intervención social debe procurar una construcción social de las relaciones de igualdad entre hombres y mujeres; prevención de la violencia; comunicación pacífica; y garantizar una buena maternidad/paternidad que sirva de modelo afectivo y relacional no violento a las generaciones futuras.

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